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El terremoto que destruyó a Haití es tan solo uno más de los dramas que sufre el Pueblo hermano. La catástrofe producida por la naturaleza se suma a la permanente y verdadera catástrofe social y económica que desde hace siglos vive el Pueblo haitiano, transformado por obra y arte del imperialismo y la burguesía terrateniente nativa asociada al mismo, en el pueblo más pobre de toda América. Es más, podríamos asegurar que el terremoto no habría tenido consecuencias tan desvastadoras- más de 300.000 muertos- si las condiciones de vida, infraestructura, vivienda y salud hubiesen sido distintas para los nueve millones de habitantes. Haití desde el punto de vista económico, social y sanitario ya estaba desvastado desde mucho antes de que ocurriera este terremoto. Para comprender esto basta con señalar que casi el 80 % de la población está desocupada, que desde hace años durante las noches se cortaba el suministro de energía eléctrica, que el analfabetismo alcanza el 90% y que el promedio de vida es apenas de 40 años. Este es el verdadero y permanente drama del pueblo haitiano. Drama que tiene sus responsables internos y sus cómplices a nivel latinoamericano y mundial. La mayoría de los gobiernos latinoamericanos, a excepción de unos pocos, junto a EE.UU. y los medios de desinformación, ocultan el hecho de que Haití está ocupado militarmente desde hace más de 6 años por las tropas de diversos gobiernos latinoamericanos, entre ellos Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, el Salvador y Paraguay, disfrazados tras la supuesta misión humanitaria encabezada por la ONU , luego de la invasión yanqui- francesa que derrocó al gobierno del cura Arístides. Cuando los yanquis decidieron concentrar sus esfuerzos guerreristas en Irak y Afganistán, estos gobiernos estuvieron listos para reemplazarlos y como parte de la estrategia yanqui tomaron a su cargo el control y la represión del pueblo Haitiano. Han sido estas “tropas humanitarias” las que aplastaron distintos esfuerzos de la resistencia haitiana ( en Solei Citi), el barrio más pobre de la Capital. Produjeron durante un ataque alrededor de 150 muertos, y unos meses antes del terremoto reprimieron brutalmente las huelgas de los trabajadores textiles que sostuvieron durante cerca de un mes un paro por aumento de salarios, (cobraban 46 dólares mensuales y reclamaban el doble de tan mísero salario). En esa lucha mataron a 5 trabajadores Ahora en medio de esta catástrofe, y ante el temor de un verdadero estallido social, el gobierno de Obama ha decidido retomar directamente el control invadiendo Haití con cerca de 10.000 marines, ocupando los puntos claves de la isla y decretando por su cuenta el estado de sitio. Junto a esto ha enviado buques de guerra levantando un verdadero cerco en torno a la isla, lo cual desnuda el papel de simples marionetas de las tropas enviadas por los gobiernos latinoamericanos a pesar de que muchos de ellos posan de progresistas y antiimperialistas. Es el mismo gobierno cínico e hipócrita de Obama el que destinó apenas 100 millones de dólares en ayuda económica ante semejante catástrofe humanitaria, mientras que para salvar a la General Motors y a un puñado de banqueros puso varios billones de dólares, mientras ahora muchos de esos mismos empresarios ya se frotan las manos pensando en los negocios que pueden hacer con las tareas de reconstrucción que se decidan hacer.
El interés yanqui en Haití no es casual. Es que la isla que comparte con Santo Domingo- antiguamente llamada la Española y punto de arribo de C. Colón, ocupa un lugar estratégico en el mapa geopolítico de Latinoamérica y el Caribe. Separada de Cuba por apenas 90 Km ., es también un punto estratégico de control de todo el Caribe y gran parte de Centro y Sudamérica, y a esto se suma la proximidad al propio mercado de EE.UU., lo que despierta el interés económico de las multinacionales yanquis, principalmente las maquiladoras textiles que producen para las grandes marcas como Nike, Levis y Wrangels entre otras, que ya se instalaron en la isla y que encuentran la mano de obra más barata que en China y con menores costos de fletes. Apenas las “tropas humanitarias” de los gobiernos latinoamericanos ocuparon Haití, el gobierno de EEUU hizo aprobar la ley Hope que libera del pago de impuestos, terrenos, luz y gas a las multinacionales que se instalen allí, ley que fue extendida por otros 10 años más por el gobierno títere de Preval.
Haití tiene tras de si una rica historia de lucha. Fue durante mucho tiempo una de las más prosperas colonias del imperio francés, quien pobló la isla con negros reducidos a la esclavitud, frente al exterminio de la población indígena. Durante décadas proveyó al imperio de azúcar, café, tabaco y frutos, hasta que en 1.804, la mayoría del pueblo tomando como base las propias banderas de la Revolución Francesa de 1789, organizó su propia revolución encabezada por el General negro Jean J. Dessalines, constituyéndose en la primer revolución triunfante en toda América Latina, formó la primer República gobernada por negros y para ejemplo de todos los explotados fue el primer lugar en donde los negros terminaron con la esclavitud a partir de sus propias luchas. Invadida por los yanquis desde 1.915 hasta 1.934, estos dejaron tras de si un país devastado y una serie de dictaduras sangrientas, entre ellas la del criminal Duvalier y sus bandas paramilitares, que asolaron y desbastaron al país hasta fines del siglo pasado. Hoy Haití vive la combinación de todos estos dramas económicos, políticos, sociales y militares que han hundido en la extrema pobreza a la mayoría de sus habitantes, y está atravesada por las bandas de traficantes de niños, narcotraficantes, y traficantes de mujeres condenadas a la prostituciòn, bandas manejadas en su mayoría por los propios yanquis, dramas agravados ahora hasta limites insoportables por el terremoto. Indudablemente su pueblo tendrá que soportar muchas pruebas durísimas para liberarse y poner fin a tanta hambre y miseria, y necesitará de toda la solidaridad combativa y revolucionaria del conjunto de los pueblos de América Latina y el Caribe. Esta tarea es impostergable y debe comenzar por la denuncia de toda la hipocresía con que la mayoría de los gobiernos y los medios de difusión intentan ocultar la realidad y pretenden adormecernos mostrándonos la ayuda “ humanitaria” de los gobiernos, los desfiles de moda solidarios y otras superficialidades que ocultan la política criminal de las burguesías latinoamericanas y sus amos yanquis.
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